Elegir dentista no es una decisión menor. Se trata de una relación que, si sale bien, dura años y que afecta a algo tan cotidiano como comer, hablar o sonreír.
En Aluche, uno de los barrios con más vida del suroeste de Madrid, hay clínicas para elegir. Y justo por eso merece la pena tener claro qué se compara.
Continuidad del equipo. Saber quién realiza el tratamiento y si seguirá en la clínica el año que viene es una pregunta razonable. La rotación de profesionales es uno de los grandes problemas de la odontología actual.
Primero el diagnóstico, luego el precio. Lo esperable es que primero expliquen el problema, después las alternativas y por último lo que cuesta cada una. Si el presupuesto llega antes que la explicación, hay motivo para desconfiar.
Cuidar frente a vender. El mejor tratamiento suele ser el que no hace falta hacer. Una clínica que insiste en revisiones y en higiene está pensando a largo plazo.
Qué se está usando. El paciente tiene derecho a saber qué implante lleva puesto, qué material se ha usado y qué garantía tiene.
Cercanía real. Las revisiones, los ajustes y las urgencias se hacen mucho más llevaderos cuando la consulta está a diez minutos andando. Que la clínica esté en tu barrio es, aquí en la práctica, lo que hace que termines lo que empiezas.
Aplicando estos criterios, la decisión deja de ser una lotería. Lo demás, la reforma del local o los folletos, importa bastante menos de lo que parece.